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Sed pues vosotros perfectos como vuestro padre que esta en los cielos es perfecto (mat 5:48)
Las leyes levíticas de purificación, tenían por objeto santificar al pueblo de Israel. El capítulo 11 de dicho libro, contiene una señalización entre los animales limpios e impuros. Así el pueblo debía saber cuáles animales podía comer y cuales debería desechar. Pero lo más importante es que Dios al final del capítulo muestra la razon por la cual él no quiere que su pueblo consuma la carne de animales impuros. "Yo Soy el Eterno vuestro Dios. Por eso os santificaréis y seréis santos, porque Yo Soy santo. Así, no os ensuciéis con ningún reptil. Porque Yo Soy el Señor, que os hago subir de Egipto para ser vuestro Dios. Sed, pues, santos, porque Yo Soy santo. (Lev. 11.44, 45)
L a primera razon es porque Dios es santo, y su santidad rechaza la inmundicia, y la segunda razon es, que Dios había sacado al pueblo de Egipto para ser Dios de ellos y hacer de ellos su pueblo, su especial tesoro, por eso ese pueblo que es gobernado por un Dios santo debe ser santo también. Dios siempre ha querido que su pueblo refleje la santidad que emana de su trono. Pues un pueblo que es propiedad de un Dios perfecto y santo debe también ser perfecto y santo. Y a través de hábitos correctos, ya sea de alimentación o de comportamientos, regulados por sus leyes prescritas en su palabra Dios quiere llevar paso a paso a su pueblo a una santificación constante.
Dios anhela que su pueblo sea un ejemplo viviente de la santidad. “yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” y además declara; “se ejemplo de los fieles en palabra, conducta, amor, espíritu, fe, y pureza. Tales son las características que Dios quiere desarrollar en cada uno de sus hijos, para que su pueblo pueda reflejar al mundo una vislumbre de su santidad.
Al disponernos a tomar nuestros alimentos, a beber alguna cosa, o a desempeñar nuestras labores diarias, o aun al pronunciar nuestras palabras deberíamos recordar las palabras de Dios a través del consejo Paulino: si pues coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios (1 Cor. 10:31)

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