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Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien has enviado (Juan 17:3)
Estas sencillas palabras de Jesús enmarcan la más certera clave de la búsqueda de la vida eterna; conocer a Dios. La biblia a través de cada una de sus páginas deja ver la importancia del conocimiento. En el jardín del Edén Dios planto el árbol del conocimiento del bien y del mal; y la primera pareja podía disfrutar de ese conocimiento del bien, sin embargo decidieron conocer el mal y esto les acarreo terribles resultados. La razon de la perdición del pueblo de Israel fue porque le faltó conocimiento; Jesús hablando del mundo antediluviano dice: “no conocieron” hasta que vino el diluvio y se los llevo a todos. El profeta Isaías dice: “toda la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren la tierra”. Ese conocimiento de Dios es el único objetivo que debe perseguir todo aquel que quiera obtener la vida eterna. Sin el conocimiento de Dios toda buena obra se convierte en mero moralismo. El conocimiento de Dios lleva a aquel que lo posee a una completa obediencia y comunión con él.
El conocimiento de Dios no solo es saber que existe, ni tampoco hacer un despliegue de teorías acerca de Dios. Conocerlo es reconocerlo como lo que es, el Señor soberano que demanda la obediencia del hombre, y especialmente la de su pueblo, con el que ha hecho un pacto. Él es el Dios cuya santidad y misericordia se “conocen” en la experiencia de su pueblo y del individuo. El criterio para este conocimiento es la obediencia, y lo opuesto no es simplemente la ignorancia sino la rebelión, el darle las espaldas voluntariamente a Dios. El conocimiento de Dios viene de una experiencia real, vivida en cada persona, fruto de la comunión diaria con Dios. Esa experiencia personal de cada uno de los hijos de Dios con Él, cumple el propósito y deseo de Dios, y es que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
Del lado de Dios en su relación con el hombre también hay conocimiento. Aquí, especialmente, no puede hablarse de observación teórica, porque el hombre y todas las cosas son creación de Dios. De este hecho surge la omnisciencia de Dios: él conoce el mundo y al hombre que lo habita, porque es por su mandato que ambos existen. En particular, Dios conoce a aquellos que ha elegido para que sean sus agentes: su conocimiento se menciona en términos de elección.
El apóstol Juan escribe: “el que dice yo le conozco y no guarda sus mandamientos… y aborrece a su hermano… es un mentiroso. El que no ama no ha conocido a Dios. Cuando tenemos una experiencia real con nuestro Dios, podemos obtener vislumbres de su amor y esta es lo que nos impulsa a actuar correctamente y en armonía con los mandatos divinos. Es la fuerza del amor, es la fe que obra por amor, el amor de Cristo es el que nos constriñe.
¿Estás dedicando tiempo diario para conocer a Dios? Si tu objetivo es alcanzar la vida eterna ¿de que manera te estás preparando para ella? ¿Conoces a Dios lo suficiente como para creer ciegamente en sus promesas? ¿El conocimiento de Dios se manifiesta diariamente en ti?

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