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Los despreciables


Los despreciables


Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honra; mas los que frecuentaban el lugar santo fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad.
Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.” Eclesiastés‬ 8:10, 14‬ RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬
Los despreciables; es así como me voy a referir en este libro a los personajes de los que trata este libro. Y los llamo así, porque en realidad son personas que la mayoría del cristianismo desprecia aunque no los conozca, y a excepción de uno de los personajes, sus nombres nunca son utilizados por los padres para sus hijos. ¿Será por ser despreciables?
Mi problema con los despreciables comenzó en mi infancia, antes de aprender a leer, cuando escuchaba sus historias o las historias de otros “Buenos” en las cuales alguno de los despreciables estaba involucrado. También en las películas bíblicas donde aparecían estos personajes, hasta su cara era despreciable; aún recuerdo la cara de algunos de ellos.
Después que aprendí a leer, nada más comenzaba a leer la historia de alguno de ellos se me revolvía el estómago. Eran malos y de alguna manera me alegraba si al final de la historia a alguno de ellos le pasaba algo malo. Hubiera deseado que Dios hubiera matado a Caín, y que Caifás hubiese sido partido por un rayo. ¡Cuán detestables eran!
Y es que la Biblia está llena de muchos de estos personajes que dan mal ejemplo y que de verdad merecen ser castigados severamente.
Caín, Esaú, Amán, Judas Iscariote, Caifás, Barrabas, y Los fariseos, hacen parte de mi lista de despreciables que deberían ir directo al lago de fuego y azufre; aunque la lista podría ser más larga.


Con el paso del tiempo, me fui acercando más y más a estos personajes, quizá para detectar cosas tan malas en ellos y así poder enseñar por contraste acerca de ellos. Pero cada vez que me acercaba más y más, me fui dando de cuenta que la mayoría de estos personajes estaban lejos de ser detestados en la sociedad en la cual vivían y que al contrario, algunos de ellos eran gente muy querida, respetada y hasta admirada por su sociedad.
Poco a poco fui descubriendo que los despreciables no eran tan despreciables como parecían, y que tal vez los escritores de la Biblia estaban tratando de darnos alguna enseñanza que no necesariamente tenía como objetivo que los odiáramos sino que investigáramos la razón que llevó a estos personajes a cometer acciones que los convirtieron en despreciables, no en su sociedad sino en las generaciones futuras.


Siempre serán las generaciones futuras quienes dirán que tan relevantes fuimos en la sociedad, y que tan amados o despreciados merecemos ser.
Si la existencia se tratara solo del lapso de tiempo que vivimos en este mundo, la mayoría de los despreciables habría pasado gloriosamente por la vida. Pero ellos siguen existiendo en la memoria de aquellos que hoy les recuerdan como la encarnación del mal y como los malos ejemplos para no seguir; y esto sin ahondar en el tema de la resurrección donde enfrentarán al juicio de Dios.


Me di cuenta que la mayoría de nosotros vivimos como los despreciables; nos importa el aquí y el ahora, pero poca conciencia tenemos de nuestro legado para el futuro y para la eternidad. Probablemente los despreciables murieron sin saber que serían despreciables. Murieron siendo admirados por la mayoría y su generación quizá honró su memoria, pero ¿serán honrados ante el juez del universo en el día del juicio?


Y esa es la primera lección que nos dejan los despreciables; debemos vivir no solamente para el momento, sino para la eternidad. Está lección no solamente nos la dejan los despreciables, sino también aquellos personajes que hoy apreciamos, y que de uno de ellos el Escritor de la epístola a los Hebreos dijo: “teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.” Hebreos‬ 11:26‬ RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬


Pero aquí está el otro fenómeno, mientras que los despreciables fueron queridos en su sociedad, los que apreciamos no lo fueron. La Biblia los describe así: “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;” Hebreos‬ 11:36-39‬ RVR1960‬‬‬‬‬‬.‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬
Estos tan apreciados héroes que hoy ensalzamos y aún anhelamos ser como ellos (aunque no estemos dispuestos a pagar el precio), no tuvieron una vida fácil sobre esta tierra y no fueron muy amados en su sociedad; pero eso no les importó, porque no vivían para el momento sino para la eternidad y al que vive para la eternidad solo le importa la eternidad.


El apóstol pablo aconsejaba a los Colosenses diciendo: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.” Colosenses‬ 3:2‬ RVR1960‬‬ ‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬‬
De ahí depende todo, de donde pongamos la mira. Jesus presentó también en el sermón del monte este contraste entre el que pone la mira en las cosas de la tierra y el que la pone en las cosas celestiales. Había una clase de gente que oraba, daba limosnas y vestía elegantemente solo para recibir alabanza de los hombres y la recibían; y Jesús dijo que ya habían recibido su recompensa. Pero había otros que se encerraban para orar, que nadie se enteraba de las cosas buenas que hacían y de esos Jesus dijo que su padre celestial les recompensaría en público. ¿Dónde está la diferencia entre los dos grupos? Una vez más, en que unos piensan en el momento y otros piensan en la eternidad.


A este enfoque de la eternidad quiso llevar Jesús a sus discípulos durante todo su ministerio en la tierra. Los discípulos mantenían la visión en la tierra mientras que Jesús trataba de enfocársela en el cielo. peleaban por el mayor puesto en el reino, pero pensaban en un reino terrenal. Querían reconocimiento de la gente de su época, les interesaba solamente lo que pensaban los que vivían en el tiempo de ellos, y ese sentimiento los acompañó hasta el ascenso de Jesús. Aún allí en el lugar de la ascensión le preguntaron a Jesús: ¿restauraras el reino de Israel en este tiempo? Seguían manteniendo su visión en este tiempo, en este mundo, en el reino de aquí de la tierra. Pero Jesús les respondió: No os toca a vosotros saber los tiempos o las épocas que el padre puso en su sola potestad. Con esto quería desenfocarlos de la visión terrena y enfocarlos en la misión divina. Y solo cuando Jesús subió al cielo y quedaron solos, quedaron con sus ojos mirando al cielo. Finalmente Jesús había logrado el objetivo; hacer que miraran al cielo. Después de esto la visión de los discípulos de Jesús cambió. Cayeron en cuenta de que había una realidad celestial por la cual debían trabajar y luchar. Con su vista puesta en el cielo descendieron del monte de las olivas ahora dispuestos a pedir la unción celestial y a partir de allí nunca más su interés fueron las cosas terrenales.


Ese aprecio por las realidades eternas y desprecio por las terrenales es lo que hoy hace que sean apreciados por nosotros, aunque entre la gente de su época fueron tan despreciados que los odiaron hasta la muerte.
Contrario a ellos, los despreciables, se ganaron el favor de su sociedad pero perdieron el favor divino. Por ejemplo Herodes se ganó tanto el favor del pueblo y murió siendo ovacionado por el pueblo quien le gritaba que su voz era voz de un dios y no de un hombre.
Y es que a este momento ya hemos comprendido mejor la frase de Santiago que dice: cualquiera pues que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios. Santiago 4:4.
Ser amigo del mundo es lo más fácil. Para ganarse el favor del mundo solo tienes que vivir de acuerdo a los estándares de la mayoría y tratar de agradar a la mayor cantidad de gente posible. Pero no es el camino más seguro, porque cuando lo haces, estas yendo por el camino que abrieron los despreciables.
Ser amigo del mundo es lo más cómodo, porque no vas a encontrar rechazo, sino aceptación y hasta adulación.
Que hay del joven que prefiere ir a estudiar los sábados para salvar su semestre académico? O del estudiante que participa en las fiestas de sus compañeros para no ser rechazado o ridiculizado? O de la joven que viste prendas al igual que sus compañeras para evitar las burlas? O de aquel joven que se involucra en relaciones sentimentales solo para que su masculinidad no sea cuestionada? De aquel que en medio de una celebración se toma solo una copa para no hacer sentir mal a quien se la ofrece? O de aquel que miente para salvar su reputación? Estas cosas y muchas más son tan normales hoy, que puedes hacerlas y seguir siendo apreciado como un cristiano, pero ¡cuidado! Cada decisión por pequeña que parezca, va formando nuestro carácter y va labrando el camino para nuestras decisiones grandes.
Cuando vives según los estándares del mundo no tienes porque preocuparte por el rechazo de la gente; pocos te van a rechazar, criticar o despreciar. Y es por eso que la mayoría de las personas hacen las cosas como a la gente le gusta con el objetivo de no ser rechazados por la gente. Por esta razón muchos han llegado a estar sumergidos en las drogas, crímenes, robos, relaciones tóxicas, con tal de no sentirse rechazados por quienes les rodean.
A nivel del cristianismo conozco a muchos cristianos que hacen las cosas solo por agradar a los demás o que dejan de hacerlas por más buenas que sean para recibir la aprobación de los hombres. Yo he caído en esa trampa y estoy seguro que usted también lo ha hecho. Por eso nos cabe bien un consejo que el apóstol Pablo tenía muy claro: si todavía tratara de agradar a los hombres no sería siervo de Cristo. Galatas 1:10.


Aquí es dónde está el meollo del problema entre los despreciables y yo (ese yo puede ser usted). Los despreciables no me gustaban, porque hicieron cosas que a mi juicio de hoy están mal hechas; pero no me daba cuenta que al juicio de la mayoría que les rodeaba estaban bien. Y entonces al aproximarme a ellos pude ver que el problema de los despreciables también es mi problema; perder la visión de las cosas eternas. También yo pierdo muy a menudo la visión de las realidades eternas y también me agrada congraciarme con la gente que me rodea, aunque ello implique sembrar en falso para el futuro.


El texto introductorio de este capítulo muestra una de las realidades injustas de este mundo, y es que los despreciables son amados aquí, mientras que los justos son despreciados, pero Salomon se da cuenta de una realidad más alta cuando dice: “Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia; y que no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios.”Eclesiastés‬ 8:12-13‬ RVR1960‬‬. Esa realidad es la que no ven los despreciables.‬‬‬‬‬‬‬‬
Cuando Jesús estuvo en la tierra en medio de sus enseñanzas lanzó una pregunta: ¿Qué aprovechará el hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? Esta pregunta es una de las preguntas que más debiera ser reflexionada por los seres humanos. Esta pregunta no la tuvieron en cuenta los despreciables, ni la tendrán en cuenta los despreciables de las futuras generaciones. (espero que no estemos entre ellos)


Hay una canción cristiana que me gusta, y que entre otras cosas dice:
Que los que vienen detrás nos hallen fieles,
y la luz de nuestra fe les guíe aquí,
nuestras huellas al dejar ayuden su fe,
nuestras vidas les inspiren a seguir.
Que los que vienen detrás nos hallen fieles.
Apreciado lector; usted y yo tenemos una responsabilidad con las generaciones que vienen detrás de nosotros, de dejarles un legado que inspire sus vidas en medio de este mundo turbulento. Ese legado solamente lo podremos dejar si nuestra visión se enfoca en las realidades eternas, si vivimos no sólo para el aquí y ahora y permitimos que Jesús eleve nuestra visión más allá de los afanes y preocupaciones de este mundo. Mantener esta visión e ir construyendo este legado sin duda alguna va a producirnos rechazo de muchos, pero también recibiremos el apoyo y el ánimo de otros que están luchando por mantener el enfoque eterno.
Espero que no te importe ser despreciable, mientras seas apreciado para Dios.

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