La queja de Dios contra efrain y juda,
implica una decepción de parte de Dios por el amor que los hijos de aquellas
tribus, o en general los israelitas, le profesaban. Era un amor momentáneo, un
amor quizá emocionalista o por conveniencia. El señor lo compara con la neblina
o el rocío. Es un amor tan leve, que no aguanta ni siquiera el calor de la
mañana.
En el mundo actual constantemente vemos
gente que profesa amar a Dios; lo proclama con sus palabras, lo publica en sus
redes sociales, pero su vida y acciones demuestran más bien un alejamiento de
Dios, que un amor profundo. Eso es exactamente aquello que Dios le reprochaba a
efrain y Judá.
Amar a Dios de la manera incorrecta, nos
puede autoengañar de tal manera que en realidad creemos que le amamos, aún
cuando nuestras obras digan lo contrario; como el esposo que maltrata física o
verbalmente a su esposa, y luego del maltrato le vive repitiendo que la ama.
El amor hacia Dios no solamente debe
basarse en emociones o en nuestro estado de ánimo, o nuestro parecer;
podemos tomar la decisión de amar a Dios por encima de cualquier circunstancia
y nuestras obras lo demostrarán.
Dios anhela que nuestro amor hacia él
perdure mientras dure nuestra vida. Que sea un amor resistente a las
adversidades, un amor que resista las pruebas, y las condiciones desfavorables.
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